Catarina, Laguna de Apoyo, Volcán Masaya y Granada
Los primeros días en Nicaragua vivimos como reinas. Nuestra amiga nos ofreció su coche con un conductor para ir de un lado a otro.
Lo primero que hicimos fue subir al mirador de Catarina, donde la laguna de apoyo queda a tus pies y el volcan mombacho se impone en el horizonte. Allí tomamos nuestras primeras cervezas nicas: probamos tanto la Toña como la Victoria Clasic. En mi opinión no soy nada especial pero son baratas y bien frescas se agradecen.
El día siguiente fuimos a la laguna de apoyo. Accedemos a través del hotel Qué a cambio de consumir alguna cosa no es restaurante te dejan disfrutar de sus instalaciones. Cuando llegamos hacía un sol espléndido y parecía el paraíso así que nos tiramos al agua desde la plataforma que hay, tomamos el sol y nos atrevimos
alquilar un kayak por $10/hora, pero cometimos el gran error de ir a favor del la corriente con lo cual la vuelta al hotel fue durilla. Minutos después, cuando nos disponíamos a pedir algo de comer, el tiempo cambió y lo que había sido el paraíso se convirtió en una cortina de agua interminable. No obstante a la media hora paró, salió el sol y pudimos seguir disfrutando del día.
Con la barriga llena emprendimos rumbo dirección al Volcan Masaya. Como ya eran más de las 5 de la tarde y el interior del Volcano se ve mejor de noche, en la entrada había una cola larguísima de coches esperando para subir. Cuando por fin llegamos al mostrador nos querían cobrar una entrada de $10 por persona mientras que si vas durante el día (hasta las 16 horas) el precio se reduce a $3 a dólares por persona, por lo que decidimos ir al día siguiente.
Recomendamos ir un día que no haya llovido ya que con la lluvia aumenta mucho la salida de gases y la visibilidad del cráter se reduce muchísimo. Nosotras pudimos ver poca cosa pero el olor a azufre y el paisaje insólito de nubes y gases mereció la pena.
El último día con base en Managua lo pasamos en Granada. En general no somos amantes de las ciudades pero hay que decir que nos gustó mucho. Nos perdimos paseando por el medio de edificios coloniales y mercados, y acabamos disfrutando de las vistas desde lo alto del campanario de la Catedral, pagando $1 por persona.


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